LOS INDOLENTES

LOS INDOLENTES

 

Por Prof. Joaquín G. Puebla

 

Indolente: del lat. indŏlens, – entis ‘insensible’ -. Adj: Que no se afecta o conmueve / flojo (perezoso) / Insensible, que no siente el dolor.

Se conoce como indolente a la persona que posee un carácter poco sensible a las cosas que acostumbran interesar o conmover a los demás individuos. El individuo indolente se caracteriza por su negligencia, falta de actividad y de aplicación en el cumplimiento de las obligaciones, por ejemplo: “el estudiante Luis es de una indolencia desesperante”.  A lo anterior, se le puede añadir que es un ser apático, perezoso, insensible a cualquier conmoción. El indolente, es visto en el área de la psicología, como una persona que no se conmueve ante el dolor de otros individuos e inclusive de aquellos que forman su propio seno familiar. En este sentido, para una mejor comprensión se puede identificar a los delincuentes con respecto a sus víctimas, por su falta de consideración ante ellas.

 

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Tomando en cuenta lo anterior, se puede deducir que la indolencia es opuesta a los valores de solidaridad, empatía, apoyo, que permite la unión de los individuos que forman una sociedad o familia, siendo estos últimos. Por último, la palabra indolente es usada como sinónimo de apático, perezoso, flojo, indiferente, insensible, entre otros. Por el contrario, los antónimos de indolente son dinámicos, vivos, interesados, entusiasta.

 

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Etimológicamente, la palabra indolente es de origen latín “indolens” o “indolentis” que significa “el que no sufre”.

 

La sensibilidad social de una gestión se mide por muchos factores. Hay factores económicos, políticos y sociales. También hay otros factores que tienen que ver con las políticas aplicadas.

En los números una gestión de gobierno puede parecer maravillosa pero si uno recorre las calles de un distrito, observa, mira y habla con los vecinos se puede encontrar que dicha gestión, tan maravillosa en los papeles y en los números, puede resultar que no sea tan así. Nos podemos encontrar que un gobierno tenga una gran gestión en los números pero, a su vez, tenga una terrible deuda social (o interna, como suele definirlo la economía).

La deuda social o interna no siempre se puede calificar o cuantificar en números. Hay que caminar los barrios y ver cómo viven los vecinos, escuchar sus necesidades y sus quejas; evaluar el nivel de respuesta del estado ante sus planteos y, principalmente, analizar el humor social ante una gestión de gobierno o de los políticos que conducen la misma.

 

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La Intendente Verónica Magario, más allá de toda encuesta política, acumuló una enorme deuda interna con los vecinos matanceros y con la dirigencia política en todo su contexto (no habló solo de la dirigencia política partidaria, sino que también incluyo a los dirigentes de las entidades intermedias, los líderes barriales, los referentes sociales, etc).

La administración política del municipio necesitaba renovarse y emprolijar los ejes de su gestión. Los matanceros confiaban que Magario lograría superar el desgaste de la gestión de Fernando Espinoza pero, lamentablemente, esto no ocurrió.

 

SIN LEALTAD Y SIN PROYECTOS

 

 

Lealtad: Sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien.

En La Matanza tenemos un gobierno sin lealtad. La “conducción política” ha hecho de la lealtad una excusa y, hasta ahora, ha acomodado esa lealtad según su conveniencia.

La “Pareja Gobernanteha cambiado varias veces de lealtades políticas y utilizando a la misma como moneda de cambio de las negociaciones política. Antes de continuar deseo resaltar un claro ejemplo de esto: Tanto Verónica Magario como Fernando Espinoza fueron de los primeros dirigentes del Peronismo – Frente para la Victoria en “Jubilar” a Cristina Fernández de Kirchner en sendas notas periodísticas. Magario lo hizo a través de un reportaje en el diario La Nación (luego desmentido) y Espinoza, también, en un reportaje en Clarín.

 

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Volviendo a la lealtad, como decía, la “Pareja Gobernante” acomoda la lealtad política según su conveniencia; es decir, son leales a un proyecto o a un dirigente según les convenga en las negociaciones. Las negociaciones, hasta ahora, no han sido de políticas o de un modelo de estado o partido político, sino que solamente han negociado “cargos” o “lugares en las listas” y, obviamente, esos cargos o lugares en las listas han sido, principalmente, para ellos.

Si analizamos políticamente al oficialismo matanceros nos vamos a encontrar que las bases (los militantes y dirigentes de segundas y terceras líneas) son leales a la conducción pero la conducción no ha sido ni lo es (no sé si lo será) leales con sus conducidos.

La Matanza tiene una conducción política  (del oficialismo) sin lealtades. Ni lealtad hacia arriba ni lealtad hacia abajo. No les ha temblado al  el pulso a la hora de cambiarse de vereda y, aún menos, a la hora de echar o dejar de lado a militantes o dirigentes políticos según venga su propia conveniencia o circunstancias.

El proyecto político del peronismo matancero (balestrinismo) ya no existe; dicho proyecto comenzó a desaparecer cuando, lamentablemente, el Dr. Alberto Balestrini sufrió un ACV. A partir de ahí se comenzó a construir el “Sifernandismo”.

 

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El “Sifernandismo” tiene que ver, exclusivamente, con la carrera política de Fernando Espinoza y no es un proyecto político que incluya a La Matanza o a su gente ni a su militancia política. En el “Sifernandismo” solo importa Fernando Espinoza y qué cargos o lugares en una lista ha de ocupar. Eso sí, se llena la boca hablando de La Matanza y sus vecinos. No para de refregarle a todos la militancia matancera pero nunca los tiene en cuenta a la hora de adherir a un proyecto político o a seguir a un/a candidato/a en una elección. El “Sifernandismo” es electoralista y acciona pensando en las elecciones; termina una campaña electoral y, sobre el pucho, lanzan la campaña para la elección siguiente. El “Sifernandismo” le ha costado al estado municipal matancero una fortuna porque los despliegues electoralistas cuestan caro y, Fernando Espinoza, no se caracteriza por meter la mano al bolsillo.

 

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Dentro del “Sifernandismo” está el “Veroniquismo explícito”  (línea intrauterina del “Sifernandismo”) y que conduce Verónica Magario. Magario ha subordinado totalmente su acción política y gestión de gobierno a los intereses y deseos de Espinoza. Uno va por un lado y el otro va por el otro lado y después se juntan; es decir, juntan por izquierda y por derecha y después meten todo en la misma bolsa.

La dirigencia del oficialismo matancero y muchos vecinos del distrito esperaban que la gestión de Verónica Magario al frente de la Intendencia local trajese algunos cambios. Más de uno esperaba que Magario se ocupase más del distrito que de hacer política pero tal cosa no ocurrió, ni ocurre, ni ocurrirá. Magario se lanzó, ni bien asumió, a una confrontación total contra la gobernación bonaerense encabezada por María Eugenia Vidal y esta confrontación no es en defensa de los intereses del distrito o del pueblo matancero, sino que tuvo como objetivo ubicar a Magario como la principal cara bonita de la oposición bonaerense.

 

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El cálculo no estuvo errado porque hoy ya se habla de la posibilidad (cierta) de que Verónica Magario integre la fórmula del peronismo bonaerense para la gobernación. A su vez, Fernando Espinoza está jugado tras el objetivo de integrar la fórmula presidencial del peronismo opositor para las elecciones de 2019 y su principal arma de negociación son los votos que junta la militancia y la dirigencia política del distrito.

 

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Obviamente si están jugando estos “Juegos de Poder” no queda mucho tiempo para gestionar un distrito con grandes y graves problemas.

La gestión la han delegado (obviamente sin poder) en funcionarios y dirigentes que no están (salvo honrosas excepciones) a la altura de las circunstancias.

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A esos funcionarios y dirigentes nadie los controla y han visto la oportunidad de “Hacer su Agosto” (Esta frase significa hacer buen negocio, el dicho “hacer el agosto” alude a la recolección de cereales, aceitunas, uvas y otros frutos del campo durante la época más fructífera -la estival- y, por extensión, a los beneficios que se obtienen de la venta de una buena cosecha) y, a la vez, cumplir su sueño de ejercer un poder despótico sobre militantes políticos cautivos que no tienen la posibilidad de visibilizar los desastres que están haciendo estos dirigentes; porque si acuden a Espinoza o a Magario (solo los ubican cuando termina un acto y comienza el “Show de la Selfie”) sus quejas y necesidades caen en saco roto porque ni Espinoza ni Magario mueven un dedo para resolverle el problema a la gente o a los militantes políticos.

 

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La gestión pública delegada en estos dirigentes es un botín político de envergadura y como nadie los controla hacen lo que quieren. Muchos de estos dirigentes han amasado una fortuna desde el 2011.

Esta situación ha aislado a la “conducción política” de las bases. Nadie puede hablar con Espinoza ni con Magario, solo les dan bola en el “Show de las Selfie” y después, si te he visto no me acuerdo.

Esta falta de lealtad hacia sus conducidos ha ido mermando el caudal de votos del peronismo matancero elección tras elección pero, dicha merma, aún no ha sido significativa porque el oficialismo sigue ganando las elecciones. Cuesta cada vez más ganar pero se gana y con eso alcanza.

Estos dirigentes no tienen ideologías ni valores (solo tienen precio), no son Peronista, “son oficialistas de turno”. La Matanza ya no es “La Capital Nacional del Peronismo” es la “Capital Nacional del Oficialismo de Turno”.

 

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Ante esto podemos asegurar que la “conducción política” del distrito no tiene ideologías ni lealtades ni valores, solo tiene ambiciones políticas personales y económicas.

Son dirigentes millonarios y quieren más poder por el poder mismo porque no piensan en mejorarle la calidad de vida a la gente y, menos aún, hacer algo por los trabajadores porque chances de hacerlo la tienen a montones pero no hacen nada.

 

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La “conducción política” del distrito esta tan aislada que piensa que la gente va a los actos porque quiere verlos o acompañarlos. Un claro ejemplo de esto fueron los “Carnavales del Hambre” (perdón, “de la Alegría”) donde un millón de matanceros (miles arriba, miles abajo) asistieron a esas jornadas de jolgorios pero la “conducción política” piensa que fueron a verlos a ellos  y no a las comparsas o a los artistas populares que actuaron.

 

UN PODER SIN POLÍTICAS

 

En su afán de tener todos los sectores del peronismo matancero adentro del “Sifernandismo”, la “pareja gobernante” decidió (hace bastante tiempo) nombrar a “funcionarios sin funciones”; es decir, nombran a fulano, le dan oficina y un pequeño presupuesto (para que se entretenga) pero no tienen funciones específica ni poder para impulsar y/o implementar políticas públicas.

 

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Reitero, la “conducción política” del distrito no busca poder para mejorarle la vida a los vecinos, buscan poder para mejorar su calidad de vida. No están en la política por el bronce sino que van detrás del oro.

 

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Estamos transitando el tercer año del mandato de Verónica Magario al frente de la Intendencia matancera y les pregunto: ¿qué cambio trascendental de políticas públicas ha impulsado Magario en su gestión? Ninguna, todo está en piloto automático desde el 2011.

A la “conducción política” del distrito mal no les va, pero los matanceros están cada vez peor.