LA CRISIS DE MAURI

LA CRISIS DE MAURI

 

Por Prof. Joaquín G. Puebla

 

La palabra “crisis” viene del griego κρισις (krisis) y este del verbo κρινειν (krinein), que significa “separar” o “decidir”. Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo. De allí el término “crítica” que significa análisis o estudio de algo para emitir un Juicio, y de allí también “criterio” que es razonamiento adecuado. La crisis nos obliga a pensar por tanto produce análisis y reflexión.

La palabra griega κρισις (crisis = separación) está compuesta por el verbo κρινειν (krinein = separar, decidir) relacionado con la raíz “madre” (cortar, separar, distinguir).

 

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La crisis o posible “separación” o “rotura” es un punto crucial y decisivo. En la medicina es usado para referirse a un cambio brusco o profundo, que puede llegar al punto que separa la vida de la muerte. Es allí entonces donde los médicos tienen que analizar los síntomas.

 

Durante muchos años los argentinos hemos vivido de crisis en crisis y siempre nos han culpado a nosotros, al pueblo, por esas crisis que generaban los distintos gobiernos y gobernantes. No solo nos culpaban sino que debíamos y debemos pagar esas crisis.

La crisis cambiaria que hemos sufrido las dos últimas semanas dejaron al descubierto las debilidades de un gobierno nacional que ya andaba festejando, anticipadamente, un triunfo en las elecciones de 2019.

 

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Una medida económica (que afecto al conjunto de la sociedad en todos los niveles) como fue el Tarifazo que aplicó el Ministro de Energía y Minería, Ing. Juan José Aranguren, dejó a la mayoría de la sociedad Argentina al borde del precipicio porque es una medida tan arbitraria y desproporcionada que hace casi imposible ubicarla o acomodarla en un presupuesto, tanto sea familiar como empresarial o institucional.

 

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Esta medida económica provocó una crisis política y esa crisis política, a su vez, puso en marcha una ola especulativa que se detuvo, por ahora, cuando el gobierno nacional dio un volantazo político.

Hay muchos mejores periodistas que yo que han explicado exhaustivamente el origen, el desarrollo y el corolario de la crisis cambiaria que mencioné pero me gustaría hacer hincapié en la cuestión política porque creo que, en realidad, la crisis fue política.

 

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Lo de Aranguren fue, es y será algo inexplicable. El tarifazo no tuvo relación alguna con la realidad que vivimos la mayoría del pueblo argentino. Es imposible acomodar un aumento que va del 40% al 2000%, no es lógico, no hay explicación posible y es económicamente inviable porque si uno paga la boleta de luz no puede pagar nada más y ni hablar del gas. Este tarifazo no solo es en los servicios sino que se traslada a los precios de la canasta familiar, a las entradas del cine, al alfajor que le compramos a los pibes cuando van al cole, etc.

Esta medida tomada por Aranguren (que en algún momento deberá explicar cómo una medida que toma como ministro lo haga más rico de lo que es) le toco el bolsillo a todos y entre esos están los empresarios e industriales del país. No hablemos de las PyMES que vienen padeciendo, hace rato, las medidas de este gobierno; este tarifazo lo sintieron también los grandes empresarios e industriales y ellos fueron los primeros en plantearle al gobierno lo absurdo de la medida porque se contradice con el “gradualismo” que dice el gobierno sostener como teoría y política económica.

 

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Los grandes empresarios e industriales del país fueron los primeros en dar la voz de alarma y, a la vez, comenzaron a actuar políticamente a través de sus voceros y políticos que les responden.

Los voceros y políticos que sostienen y defienden los intereses de los grandes empresarios e industriales militan, en su mayoría, dentro del espectro de “Cambiemos”. Estás voces discordante con el discurso oficial, nacida dentro del seno del gobierno nacional, provocó un enorme crisis política que mostró, a la sociedad Argentina, la debilidad de un gobierno que se pensaba fuerte.

Como aseguran los que saben, la crisis cambiaria fue superada (cosa que dudo) y este final nos muestra un gobierno que quedó debilitado. Es decir: ni el gobierno era tan fuerte (políticamente hablando) como decía y creían y queda muy debilitado como para gobernar con fortaleza los que resta de 2018 y del decisivo y complicado 2019.

 

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La oposición no pudo capitalizar la crisis del gobierno por varios motivos. La izquierda festejó que el gobierno haya solicitado un préstamo al FMI porque piensa que va a poder volver a utilizar el slogan: “NO AL FMI o NO HAY QUE PAGARLE AL FMI”; es decir, recuperaron su enemigo histórico y con el cuál se sienten más cómodos para combatir. Pero no tienen en cuenta que a la gente la saturaron con ese slogan y siempre que lo utilizaron la sociedad los condenó al ostracismo. Cuando modificaron su discurso y se acercaron a los problemas e idioma de la gente es cuando más crecieron y pudieron acceder a tener representación parlamentaria y sindical.

 

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El kirchnerismo realizó la jugada más inteligente: se quedó callado y dejó que su oponente se mate a sí mismo.

El peronismo critico moderadamente, identificó el problema (el tarifazo), accionó sobre el mismo y le marcó al gobierno una salida elegante para solventar esta crisis.

El justicialismo negoció.

 

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Ahora bien, hablé de kirchnerismo, de peronismo y de justicialismo; muchos dirán que son lo mismo pero en la práctica son muy diferentes y tienen estrategias muy diferentes también.

Esa es la razón por la cual el kirch/pero/justicialismo no puedo capitalizar una crisis que, algunos encumbrados funcionarios, llegaron a calificar (en mesas muy chicas y en reuniones más chicas aún y muy reservadas) de terminal y hasta llegaron a analizar un escenario muy parecido al 2001 cuando una asamblea legislativa tuvo que designar a un Presidente.

La oposición actúo prudentemente y en función de la gobernabilidad, simplemente no pudo capitalizar la crisis porque el gobierno nacional no tenía enfrente a nadie con peso político propio ni con consenso mayoritario. La oposición no tuvo ni estrategia, no tuvo unidad de criterio ni de acción y, principalmente, no tuvo ni tiene una figura que aglutine mayoritariamente al kirch/pero/justicialismo en su conjunto. Si hubieran tenido estás tres cosas, no me cabe ninguna duda, que hubieran ido por el poder y se lo hubieran quedado.

 

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Ahora bien, el gobierno quedó muy debilitado y convoca a un gran acuerdo nacional para que entre todos, decidan a qué segmento de la población van a aplicar el ajuste para reducir el déficit fiscal. Algunos participarán de las negociaciones pero no creo que esto avance mucho porque nadie quiere quedar señalado como que avaló un ajuste. Supongo, a mi escaso entender (como decía Borges), que dicho ajuste caerá donde siempre cae: jubilados, salud, educación, trabajadores estatales, etc.

Estaría bueno que se sumen todos a este gran acuerdo nacional y resuelvan que el ajuste sea en la política (ñoquis, dietas de legisladores nacionales y provinciales, los “diegos” de la corruptela del estado, etc.) porque los “negocios de la política” es donde más dinero se gasta y, el déficit fiscal, está en rojo por el volumen de los negocios políticos del estado en todos sus estamentos (nacional, provincial y municipal).

Insisto, la crisis fue política porque un gobierno que se creía fuerte aplicó un enorme tarifazo a la mayoría de la población del país. El aumento de tarifas que aplicaron es tan desproporcionado que no puede acomodarse en ningún presupuesto. Los principales empresarios e industriales del país advirtieron esto y se lo señalaron al gobierno, pero el Ing. Mauricio Macri se mantiene en sus trece.

 

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La crisis aun no termino y cada día que pase sin resolverse el tema tarifario la corrida cambiaria seguirá latente y comenzara a gestarse un cuadro muy complicado de entender y de resolver.

No hay pacto político si no hay margen de negociación, nadie se sienta a una mesa a sacarse una foto si no tiene chances de negociar y el gobierno llama a un pacto pero no les da a los invitados a dicho pacto a negociar nada. El gobierno quiere que apoye sus medidas porque piensa que son las correctas pero si la mayoría de la población señala que no es así, los gobernantes deberían rever sus posiciones simplemente porque la mayoría manda.

 

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En otro orden de cosas y asociada con lo expuesto me gustaría hacer hincapié en el mensaje que estuvieron dando los grandes medios de comunicación: en lugar de criticar o darle lugar a la gente a manifestar su fastidio por el desproporcionado aumento de las tarifas, solo se han dedicado a aconsejar sobre la manera de reducir el consumo. Hay veces que los medios tienen margen para hacerse los distraídos pero en otras ocasiones, sus discursos y acciones los dejan tan expuestos que patéticamente se les nota el precio de los acuerdos espurios a los que llegaron con el gobierno.