Por Silvio Vallejos
Buen día para todos y todas. Hoy marchamos (Haga click en el link para ver el video: https://youtube.com/shorts/T6uENWWq_WQ) para recordar y repudiar uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia: la Dictadura Cívico-Militar que asoló a nuestro país entre 1976 y 1983. Un período marcado por el miedo, la represión y la violación sistemática de los derechos humanos. El argumento falso que justificaba la ruptura del orden constitucional era la “seguridad nacional”. Y, en su nombre, se instauró un régimen que despojó a los argentinos de su libertad, su voz y, en muchos casos, de su vida. Un programa bélico encuadrado en el Plan Cóndor u Operación Cóndor, respaldada por Estados Unidos, que incluía operaciones de inteligencia, persecución, tortura y el asesinato de opositores políticos de las dictaduras militares implementadas en toda Latinoamérica. En nuestro país el saldo fue el exilio, el silencio a través de la censura y la desaparición física de 30 Mil Compañeros, por los que aún hoy reclamamos Memoria, Verdad y Justicia.

Un período tenebroso que se afianzó tras una serie de golpes de Estado sistemáticos, cuyos responsables centrales fueron, entre otros, los militares, bajo las órdenes de las facciones con mayor poder económico de nuestro país. A principios del siglo xx, estos sectores, abonaban un modelo de democracia de bajo nivel, a través de elecciones fraudulentas. Es más, con una cuota de cinismo impensada por estos tiempos, calificaban al resultado de las elecciones como fruto del Fraude Patriótico. Con la llegada en 1915 del voto obligatorio, universal y secreto, dejaron de manejar la vida política de nuestro país, y sistemáticamente impulsaron golpes de Estado utilizando las milicias como un instrumento más en su camino de brutalidad y concentración de la tierra y la riqueza.
En cada golpe, los derechos políticos, gremiales y sociales fueron limitados y muchos de ellos directamente eliminados. Por ese motivo, las excusas empleadas por aquellos que aún hoy apoyan el autoritarismo y simpatizan con las políticas implementadas durante el golpe de Estado de 1976, tienen pocos argumentos racionales. En algunos casos, llegando al punto de intentar confundir y responsabilizar al peronismo por aquellos hechos. Sin embargo, cuando se les recuerda que los golpes comenzaron 1930 y las políticas de ajuste sobre las masas se aplicaron siempre, las excusas se desarman como un castillo de naipes.
Podríamos aventurar sin equivocarnos que, más allá de los defectos propios de los presidentes depuestos por golpes militares, las verdaderas causas de los sectores que se hicieron cargo del poder político a través de gobiernos de facto, encuentran sentido cuando se analiza la situación de los trabajadores y la distribución de la riqueza. Los factores de poder multiplicaron sus ganancias y explotaron los negocios del Estado en detrimento de los intereses de la población y del país en su totalidad.

A partir de 1976, el ajuste en todas las áreas del Estado, la caída vertiginosa del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, y el notable aumento de la Deuda Externa profundizaron la crisis social, política y económica; tras una fuerte liberalización de la economía y la implementación de políticas neoliberales bajo la dirección del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz.
Las consecuencias de ese modelo se hicieron evidentes, con una profunda recesión a principios de los años ‘80, que culminó en la crisis económica de 1982. La política de ajuste fiscal y la represión de la oposición se combinaron para mantener el control, pero la insatisfacción popular y la falta de legitimidad llevaron a la eventual caída del régimen. El legado de este modelo dejó una huella duradera en la economía argentina, marcando un período de polarización social y económica que perduraría en las décadas siguientes.
Al mismo tiempo, las calles de nuestras ciudades, que deberían haber sido un espacio de encuentro y diálogo, se convirtieron en escenarios de terror. Miles de ciudadanos fueron secuestrados, torturados y desaparecidos, dejando a familias enteras sumidas en el dolor y la incertidumbre. Hoy, en el marco de un gobierno nacional que reivindica en su totalidad, las políticas económicas de aquellos años, debemos estar presentes más que nunca. De hecho, es fundamental que levantemos nuestras voces en contra de cualquier forma de autoritarismo.
La democracia, conquistada a través del sacrificio y la resistencia, es un valor que debemos defender con fervor. No podemos permitir que la historia se repita. Mientras el Gobierno de Javier Milei repite, como un mantra, que el futuro está atado a permanentes ajustes, y a las políticas neoliberales copiadas del gobierno militar, nosotros en nombre de nuestros compañeros desaparecidos, en nombre de sus sueños arrancados por la violencia castrense, repudiamos la dictadura, repudiamos la represión social, las permanentes amenazas contra figuras populares y los actos de gobierno que vulneran el sistema republicano y federal, adoptado por nuestra Constitución Nacional. Esta última como único instrumento valedero, al menos en democracia, para ordenar el futuro del país.

En tal sentido, no sólo por lo que hicieron con nuestros compañeros aún desaparecidos, sino también por el sufrimiento que enfrentó la sociedad argentina en términos económicos, hecho que complementaba el genocidio humano con un genocidio económico brutal, nosotros marchamos y ponemos el cuerpo en nombre de los que no están. La lucha por la memoria, la verdad y la justicia sigue vigente más que nunca.
SILVIO VALLEJOS – RESPONSABLE DE PERONISMO POR LA MATANZA
