LA JAULA DE LA LOCAS MATANCERAS

 

Por Prof. Joaquín G. Puebla

LA JAULA DE LAS LOCAS (La Cage aux folles en su título original) es una obra de teatro del dramaturgo francés Jean Poiret, estrenada en 1973. George y Albin son una pareja adulta de homosexuales que regentan un local de ocio en Saint-Tropez llamado La jaula de las locas. Un día reciben la visita de Laurent, hijo de George, que les anuncia que va a contraer matrimonio con Muriel, la hija de los Dieulafoi, un matrimonio ultraconservador y homofóbico. Los equívocos y las situaciones comprometidas comienzan cuando se hace necesario organizar una velada para conocer a los nuevos familiares.

Se está convirtiendo en un vaudeville la política matancera a partir de reapariciones de personajes que, en su momento, estuvieron muy cerca de tener las riendas del peronismo local o, al menos, compartir el manejo de las mismas. Estás reapariciones (para algunos) repentinas han encrespados los nervios de varias dirigentes políticas locales que se creían con el derecho (y más de una con la capacidad) de ser las sucesoras del poder político local.

María Laura Ramírez, ex esperanza joven del peronismo matancero, ex Concejal joven, ex “mano derecha (e izquierda) de Don Fernando, ex Dip. Provincial, ex funcionaria municipal, ex persona de confianza (más íntima) de Espinoza y, de repente, la más ardiente detractora y que lo enfrentó en las urnas a Espinoza, parece que ha vuelto al redil sin dar muchas explicaciones, esgrimiendo el argumento que colabora con los adultos mayores que, a través de una fundación, les dan anteojos gratuitos.

Participó de un par de acciones de este tipo, pero más de un desconfía y espera pacientemente que la nombren en algún cargo o comience a caminar el distrito para armarle políticamente a Fernando Espinoza.

Como informamos en la nota de la semana pasada: VOLVIÓ UNA NOCHE, NO LA ESPERABA… (https://semanarioquintopoder.com/volvio-una-noche-no-la-esperaba-2/), esta reaparición generó muchos nervios entre las que ya habían encargado vestidos para asumir en lugar de Espinoza en el 2027 (aclaremos que Espinoza no puede ser reelegido por la vigencia de la ley electoral bonaerense que solo permite una reelección consecutiva a los intendentes- LEY 14836 – Texto actualizado con las modificaciones introducidas por Ley 14872 y 15315 – Artículo 3°. El Intendente y los Concejales serán elegidos directamente por el pueblo, durarán en sus funciones el término de cuatro (4) años y podrán ser reelectos por un nuevo período. Si han sido reelectos no podrán ser elegidos en el mismo cargo, sino con intervalo de un período – https://www.juntaelectoral.gba.gov.ar/docs/LEY_14836.html#:~:text=El%20Intendente%20y%20los%20Concejales,con%20intervalo%20de%20un%20per%C3%ADodo.-). Ante esta situación Espinoza no tiene otra opción que utilizar “la dedocracia o su dedo Índice” para elegir a su sucesora/or.

En varias notas hemos señalado solamente a las “sucesoras de Fernando”, pero hasta el día de hoy, Espinoza nunca se mostrado inclinado a designar “hombres” como posibles sucesores porque desconfía enormemente de los mismos. Si él tiene que irse no quiere perder “el poder de La Matanza”, sabe que puede “conducir a las mujeres” (ya lo demostró con Verónica Magario en la intendencia de la misma), pero desconfía de poder hacerlo con un dirigente.

Como señalaba anteriormente, la reaparición de María Laura Ramírez en la estructura del oficialismo ha generado un sinfín de especulaciones y, a su vez, ha abierto las puertas a un montón de espacios políticos del peronismo matanceros que estaban fuera del oficialismo. Hoy Espinoza está hablando con muchos sectores con los que antes no tenía dialogo; es más, ni sabía de su existencia y, de saberlo, ni siquiera los saludaba.

En la elección de éste año Fernando Espinoza se juega mucho más de lo que se imaginan: no solo va en busca de retener la mayoría en el Concejo Deliberante y contener el avance de La Libertad Avanza (según las primeras encuestas serias estarían obteniendo entre tres a cuatro bancas en el HCD), sino que también debe volver a demostrar que es el Intendente con mayor cantidad de votos peronistas de la provincia de Buenos Aires, dado que eso la abriría las chances de intentar jugar por la gobernación bonaerense. Hasta ahora le dicen que está para un buen ministerio, pero no conocen a Espinoza, si él hubiese querido ser ministro lo hubiese sido hace una parva de años.

Las dirigentes postuladas, auto postuladas, designadas o denigradas andan arrancándose las mechas” para ver cómo hacen para quedarse “anudadas al dedo de don Fernando”, pero éste no suelta prenda y anda desapareciendo o apareciendo improvistamente por todos lados.

UN PODER EN CRISIS

No todas son rosas para Espinoza, está en el ojo del gobierno nacional y tratan de darle caza por dónde puedan. Fuerzas Federales de Seguridad, bajo el mando de Patricia Bullrich, están dando vueltas por el distrito buscando engancharlo en algo turbio o que alguien lo asocie con negocios ilegales.

Hasta ahora solo se encontraron con versiones inconexas o con alcahuetes baratos y sin credibilidad, pero lo que realmente buscan es “entongarlo con el negocio del narcotráfico”. Por ahí no han podido avanzar muchos porque lo que están descubriendo es que dicho negocio lo maneja la “Policía Bonaerense” y los políticos que mojan en el mismo, son solo “cuatro de copas” sin relación directa con el poder.

No es casual que esto suceda porque los “cráneos del gobierno nacional” creen que La Matanza es la llave de triunfo en la provincia de Buenos Aires y, en lugar de trabajar seriamente en la política local, buscan desbancar a Espinoza a través de los “Tribunales adictos al poder de turno”.

Espinoza, a pesar de las múltiples falencias de su gestión al frente del municipio (muchas de las cuáles las hemos señalado en nuestro medio), tiene los votos necesarios para ganar el distrito y eso no es casual.

A Fernando Espinoza solo se le puede ganar con más votos, no con “investigaciones judiciales armadas”; la oposición debería hacer un enorme esfuerzo para salir a buscar los votos en contra que tiene Espinoza y, es ese esfuerzo, sumarle el desafío de “contar los votos” porque en la provincia de Buenos Aires, no siempre “gana el que tiene más voto, sino el que los cuenta