Por Prof. Joaquín G. Puebla
El pasado 15 de octubre, partió nuestro muy querido amigo Santos Mammana. Si bien la noticia no fue una sorpresa, dado que estábamos al tanto de su precario estado de salud, no deja de ser doloroso.
En la edición del pasado jueves iba a escribir unas palabras en sobre Santos Mammana, pero lo pensé un poco y era Miguel Feniello (uno de sus más estimados amigos y que siempre estuvo a su lado) quién debía hablar de nuestro Santos.

QP: Esta semana hemos tenido una noticia muy dura: el fallecimiento del colega y amigo Santos Mammana. Sé que usted y él tenían una amistad de muchos años. ¿Cómo está viviendo este momento?
MF: “Son momentos muy duros porque mi amistad con Santitos se remonta a los inicios de la década del ´80. Militábamos en un mismo espacio político, después los avatares de la vida nos llevaron por distintos caminos, y logramos nuestro reencuentro ya entrado el año 2000. Ahí empezamos a trabajar juntos. Él nos apoyó decididamente en todos nuestros espacios políticos y sindicales. Además de ser la voz del peronismo en La Matanza, fue nuestra voz en las elecciones. Y este final inesperado, y también triste, implica que hay un estado de abandono hacia los compañeros.”

QP: Santos no estaba enfermo de ahora, ya venía de hace unos años.
MF: “Él había tenido un ACV hace unos cuantos años atrás. Le habían quedado algunas secuelas, pero no eran de carácter cognitivo. Para mí él era un maestro, en lo que hacía, hasta último momento. Pero luego sufrió otro ACV que lo llevó a estar postrado, ya no caminaba. Después vino todo ese raid lastimoso de lugares no ideales ni ámbitos adecuados para su tratamiento, como en un principio un geriátrico en Ciudad Evita y luego un lugar en Villa Madero. El sindicato seguramente podría haber hecho un poco más de lo que hizo, en lugar de hacer homenajes donde demuestra una profunda hipocresía. Podrían haber hecho un poco más por él y su salud.”

QP: Santos no fue sólo locutor del municipio para actos oficiales sino también para actos partidarios. Era un poco la voz del peronismo matancero. Recuerdo haber hablado con algunos altos funcionarios sobre su situación como para mejorar sus condiciones de atención y demás. Y no movieron un dedo. ¿Cómo lo sintieron a eso la familia, usted, sus amistades?
MF: “En realidad de este tema no hablé mucho con la familia. Pero por intermedio de muchos compañeros traté de buscar ayuda, incluso envié un audio a un alto dirigente y no tuve ningún tipo de respuesta. Lo puse en situación porque podría no saber, y quería que supiera mi opinión, y la de muchos compañeros, acerca del estado en que se encontraba Santos y de la necesidad de algún llamado a algún lugar donde le pudieran dar la atención adecuada. Eso no sucedió nunca. Todo quedó en manos de la obra social a la que aportaba Santos, y ya sabemos cuál fue su triste final: en un lugar casi en estado de abandono, en una clínica que no está a la altura de las circunstancias para tratar la problemática que tenía Santos. Nos queda el sabor amargo de que probablemente con una atención adecuada Santos estaría con nosotros todavía. Por lo menos yo tengo esa sensación después de estar casi dos años acompañándolo en distintos lugares. Incluso he hablado con directivos de algún centro donde estuvo y coincidían conmigo que no era el lugar adecuado para que Santos estuviese internado.”

QP: ¿Qué nos deja Santos?
MF: “A mí, particularmente, una herida muy grande por su ausencia. Pero también me deja el ejemplo de su militancia y de su compromiso. Así lo grafiqué el Día de la Lealtad con una foto donde está abrazado con Lorenzo Pepe (también recientemente fallecido) y puse la lealtad tiene nombre y apellido: Lorenzo Pepe y Santos Mammana. Esa es la imagen que yo me llevo: la de un militante comprometido, la de una persona honesta desde todo punto de vista y la de una persona (como bien peronista que era) que buscaba el bien colectivo. Y trabajó para ello en miles de lugares y de encuentros. Insisto, me queda el sabor amargo de no tenerlo y el pensamiento de que con una atención adecuada todavía estaría con nosotros.”

QP: Yo lo he considerado un amigo. Si bien no trabajábamos juntos, como periodista de ir a cubrir tantos actos, Santos era un referente para saber dónde poner el grabador, para el sonido, para poder grabar discursos y demás. De ahí se construyó una amistad. Y, desde lo personal, uno tiene ese sabor amargo de que se podría haber hecho algo más por él. El ejecutivo municipal podría haber hecho algo por él porque siempre estuvo poniendo el hombro tanto en lo institucional como en lo partidario.
MF: “Ese es el pensamiento que está en la cabeza de la mayoría de la gente que conoció a Santos. Se podría haber hecho algo desde la política, a la que él le entregó prácticamente su vida y su voz particularmente. Me parece a mí que esa es una deuda que jamás se va a poder saldar: la de no haber hecho algo. No digo mucho, pero haberlo llevado a otro lugar para una atención adecuada. Yo tengo el temor que estos mismos actores hoy nos hablen de hechos colectivos, de cambios, de participar para cambiar las cosas. Este no es el camino. Pienso que estamos viviendo un tiempo de mucha mediocridad. El general Perón fundamentalmente hablaba de una etapa donde se daban hombres dignos, que se seguía de una etapa de hombres que no lo eran. Yo creo que estamos viviendo esa etapa de la indignidad, también mezclada con mucha hipocresía. Así que el desafío de estos tiempos para todos aquellos que pretendan conducir, desde lo gremial y desde lo político, el destino de un país es recuperar esa mística perdida, volver a mirar a la cara a la gente; y no pelear solamente por espacios personales, por miserias humanas y por ambiciones. Que la ambición sea mejorar la calidad de vida de la gente, y no mejorar la suyas.”

QP: Alguna frase como para despedir públicamente a Santos Mammana, en este momento.
MF: “Que Dios le dé el descanso eterno a Santos Mammana, y que a nosotros nos prive de ese descanso hasta alcanzar los objetivos por los cuales peleó toda su vida.”
