“La oligarquía de los ENTORNOS lleva a la corrupción generalizada, que es el desgobierno en estado puro, no es este o aquel fenómeno de corrupción aislado, sino la quiebra de todo el sistema político, que ha entrado ya en una etapa de perversión plena. El ENTORNO está dominado por un grupo de supuestos políticos de hoja perenne, inasequibles al desaliento, que se renuevan por cooptación, ligeros de equipaje ideológico y sin remilgos para matar –metafóricamente– a quien se les ponga por delante.
Estos supuestos políticos –el entorno– son quienes al final manejan el cotarro en beneficio propio y de sus adláteres. Es bien sabido de que entre los miembros del ENTORNO existe una soterrada comunión de intereses que se manifiesta en un doble plano: en cierto reparto de lo público según áreas de influencia, y en una última solidaridad frente a un hipotético enemigo común, que les hace reaccionar, en ciertos casos, de forma parecida a como lo hacen las familias de la “Cosa Nostra”.
El ENTORNO hace la patrimonialización privada de lo público, contribuye al fracaso de los contrapesos institucionales y se fortalece con las derivas sociales (irracionalidad, personalización, parasitismo, etc.)”. Este es un fragmento de un libro perdido hace más de 100 años, escrito por un tal Dr. Amílcar de los Santos Herrera y que me acercado por mi abuelo materno Don Aníbal Gascón, ferroviario de profesión, ávido lector y uno de los fundadores del radicalismo mendocino, es más, en su momento fue el único radical en la conducción mendocina de “La Fraternidad”. Al comenzar a leer el libro “El Entorno del Poder”, me encontré con este párrafo que me pareció que se ajusta, como guante de látex a la mano, a nuestra realidad matancera.