10 DE DICIEMBRE: DÍA DE LA DEMOCRACIA

 

Por Daniel Bracamonte para Semanario “Quinto Poder”

Una reconstrucción desde abajo, desde las ideas que permanecen y desde un pueblo que decide organizarse.

En estos días se habla mucho del 10 de diciembre, el Día de la Democracia. Para algunos es apenas una fecha del calendario; para otros es un símbolo, una bandera, una emoción, un recuerdo de aquella noche interminable que significó la dictadura. Pero para mí, y creo que para miles de vecinos que hoy sienten que se repite, en otro registro, una forma de oscuridad, es sobre todo un llamado. Un llamado a revisar qué entendemos por democracia, quién la sostiene de verdad y qué hacemos cuando empieza a vaciarse de contenido.

Porque la democracia no se muere de golpe. Se desgasta cuando la política deja de mirar a la gente. Se agrieta cuando el Estado se desconecta de la realidad cotidiana. Se vuelve un cascarón vacío cuando la corrupción, la inseguridad, el narcotráfico y la indiferencia institucional se vuelven paisaje.

Y lo que hoy vivimos en La Matanza y en tantas partes del país vuelve a poner esta pregunta arriba de la mesa: ¿De qué sirve un sistema si no sirve a la gente?

Por eso este 10 de diciembre es distinto. Es más urgente. Es más personal. Es más vecinal.

Y para entenderlo hay que volver a una frase que no envejece, que no falla, que es exacta: “Sigan las ideas, no sigan a los hombres. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática.” – Dr. Raúl Alfonsín

Esa frase no es un adorno: es una hoja de ruta. Fue una advertencia, una enseñanza y una declaración de principios.

Y hoy vuelve a tener un filo especial: porque los personalismos están agotados, las tribunas están agotadas, las peleas entre banderas están agotadas, y el vecino, el que vive en Gregorio de Laferrere, en San Justo, en Lomas del Mirador, en Rafael Castillo, Ramos Mejía, ya no está para seguir a nadie como si fuera un salvador.

El vecino quiere ideas, quiere soluciones, quiere orden, quiere respeto, quiere presencia, quiere participación. Quiere ser parte. Quiere vivir, no sobrevivir.

Y ahí aparece el punto de contacto entre el espíritu del ’83 y el espíritu vecinal que hoy está surgiendo con fuerza.

EL 10 DE DICIEMBRE COMO MEMORIA VIVA

Aquel 10 de diciembre de 1983 fue el final de una noche larga y el principio de otra manera de pensar el país. Pero ojo: no fue solamente la victoria electoral de un hombre. Fue el triunfo de un pueblo movilizado. De miles que salieron a la calle sin saber si los iban a reprimir, que se animaron a hablar cuando todavía había miedo, que ocuparon la política desde abajo y le dieron forma a una democracia que todavía ni sabíamos cómo iba a funcionar.

Ese día la gente recuperó algo más que un presidente: recuperó su voz. Y esa voz fue la que sostuvo todo lo que vino después.

Hoy, cuatro décadas más tarde, estamos ante una disyuntiva diferente, pero profundamente similar en su naturaleza: la democracia existe en papeles, pero no está presente en la vida real de millones.

¿De qué sirve votar si después el Estado te abandona?, ¿De qué sirve un Concejo Deliberante si no escucha?, ¿De qué sirve un municipio que mira para otro lado mientras florecen talleres clandestinos, venta callejera ilegal, trata, narcotráfico, inseguridad, zonas liberadas, corrupción estructural? y, ¿De qué sirve una democracia sin dignidad cotidiana?

Perdón, pero no. La democracia no es solamente la forma; es el fondo. Es calidad de vida. Es justicia territorial. Es igualdad de trato. Es transparencia. Es escuchar al vecino que está cansado de vivir en emergencia permanente.

Por eso este 10 de diciembre no hay que celebrarlo como una postal. Hay que celebrarlo como lo que fue: el día en que el pueblo volvió a hacerse cargo.

El paralelismo con hoy: la comunidad vuelve a la historia

Cuando digo que hoy se siente algo parecido al ’83 no lo digo por nostalgia. Lo digo porque otra vez la política formal se alejó tanto de la calle, que dejó un hueco enorme donde vuelve a aparecer lo más poderoso que tiene este país: la comunidad organizada.

De eso se trata Vecinos en Alerta. No es un partido. No es una secta. No es una tribuna.

No es una estructura más para repartir cargos.

Es una idea. Y por eso se conecta directamente con la frase de Alfonsín.

Los hombres pasan, incluso yo, incluso vos, incluso todos los que hoy ponemos la cara en un barrio, pero la idea queda: la idea de que el vecino se organice, controle, participe, señale, proponga, fiscalice, incomode, se defienda, se cuide entre sí.

En 1983 la lucha era contra un Estado de facto.

Hoy la lucha es contra otras formas de opresión: la inseguridad que condiciona la vida entera, el abandono institucional, la corrupción impune, las redes ilegales que operan a metros de las comisarías, los talleres de trabajo esclavo que funcionan a plena vista, los búnkeres que todos conocen menos los que deberían desarmarlos, el Estado que ve al vecino solo cuando hay elecciones, la política desconectada de la realidad.

Es otra oscuridad, pero oscuridad al fin. Es otra amenaza, pero también exige organización, valentía y comunidad.

LA DEMOCRACIA VUELVE A TOMAR SENTIDO CUANDO VUELVE AL TERRITORIO

Si algo aprendimos estos años es que nadie nos va a venir a salvarnos desde arriba. Ni desde Nación, ni desde Provincia, ni desde el Municipio. Los discursos no nos cuidan.

Los aparatos no nos acompañan. Las internas partidarias no nos solucionan la vida.

Pero cuando un vecino se anima a prender la luz de su cuadra, la democracia vuelve.

Cuando cinco vecinos se juntan para mapear delitos, la democracia vuelve.

Cuando alguien denuncia un taller clandestino, aunque le dé miedo, la democracia vuelve.

Cuando la comunidad se organiza para pedir transparencia, seguridad y presencia real, la democracia vuelve.

La democracia no necesita mármol. Necesita vereda.

UN 10 DE DICIEMBRE QUE NOS CONVOCA A RECONSTRUIR LO ROTO

Por eso este texto no es un homenaje vacío, es un llamado claro, directo, frontal: el país no va a recuperar su democracia desde arriba. La va a recuperar desde abajo, Como siempre.

Lo que hoy estamos gestando en La Matanza y en Morón con Vecinos en Alerta, con la Banca Pública Ciudadana, con la participación real, con la seguridad comunitaria, con la organización de base, no es un movimiento político más.

Es una reacción democrática. Es una respuesta colectiva. Es un despertar vecinal. Es una decisión de decir “basta” sin romper, sin odiar, sin dividir. Como en el ’83: sin distinción de banderas políticas.

¿Por qué?, porque el miedo es transversal. La inseguridad es transversal. El abandono es transversal. La corrupción es transversal. Y la dignidad también debe serlo.

LA IDEA PERMANECE (Y RECIÉN EMPIEZA)

Si algo quedó claro en estos años es que la gente está cansada de seguir personas, quiere seguir ideas. Quiere algo que la trascienda. Quiere algo que no cambie cuando cambia un funcionario. Quiere algo suyo.

Por eso, en este 10 de diciembre, volvemos a esa frase exacta, guía eterna: “Sigan las ideas, no sigan a hombres. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática.”

Eso era cierto en 1983. Eso es cierto hoy. Y será cierto mañana. Los hombres pasan…pero la idea de un pueblo que se organiza permanece.

Y esa idea – ahora sí – está viva, fuerte y en marcha.