“PREMIAR LA LEALTAD Y LA MILITANCIA”

 

El Diputado (m/c) y uno de los históricos del peronismo matancero, Argentino Saracho dialogó con Semanario “Quinto Poder” y nos adelantó el proyecto que está llevando adelante, el mismo, es la confección y posterior entrega de la Medalla a la Lealtad Peronista que fuese establecida en 1948 por Juan Domingo Perón.medalla-peron-evita-banada-en-plata-18-de-octubre-1950-147901-MLA20426336525_092015-O (Copy)

La Medalla Peronista, a veces llamada Medalla a la Lealtad Peronista, fue una condecoración argentina establecida en 1948 y otorgada durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón. Se imponía en reconocimiento a servicios extraordinarios prestados al país o al movimiento peronista  (por ej.: suboficiales del Ejército o policías que habían realizado acciones heroicas, deportistas que habían representado con éxito al país, etc.). Como toda alta condecoración, la Medalla Peronista estaba dividida en grados (https://www.youtube.com/watch?v=ZDUCZi7wsxo, video de una de las entregas  de las Medallas de la Lealtad realizadas por el Gral. Perón).

  

QP: ¿Qué lo motivo a comenzar a entregar nuevamente esta medalla?

AS: “Nos pareció que era necesario retomar esta tradición, después de la Revolución Libertadora, la medalla la entregó las 62 Organizaciones Peronistas durante muchos años, pero después de dejó de hacerlo. Nosotros queremos recuperar esta tradición pero orientarla más hacia un reconocimiento hacia la lealtad y la militancia de tantos compañeros matanceros que han puesto el pecho a la causa en los momentos más difíciles del país”.

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QP: Suponemos que tendrá que entregar una gran cantidad de medallas

AS: “No creas que tantas, no serán más de diez. Los compañeros de la Agrupación ‘Perón Conducción’ están trabajando mucho y también están armando la lista de los compañeros a quiénes queremos reconocer.

 

QP: ¿Tienen el apoyo del partido o es una iniciativa de usted y de los compañeros de su agrupación?

AS: “Es una iniciativa nuestra, nosotros estamos trabajando para entregarla el próximo 17 de octubre, una fecha emblemática para todos los peronistas. Hasta ahora es algo nuestro, si el partido quiere acompañar el compañero Presidente del PJ quiere participar, bienvenidos sean. Esto es algo que queremos hacer porque vemos la necesidad de que, en estos momentos que está pasando el peronismo, debemos reconocer a los compañeros que hicieron tanto por el movimiento peronista porque pensamos que estaría bueno que se tomé el ejemplo de ellos y que las nuevas generaciones vean y sigan el ejemplo de ellos para rescatar uno de los principales valores del peronismo, que es la lealtad”.

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QP: Saracho usted es un hombre de la política con mucha experiencia, ¿por qué cree que esté es el momentos más adecuado para impulsar esta iniciativa?

AS: “Hoy el peronismo necesita de unidad y de lealtad para salir adelante. Sabemos de qué hablamos porque con Federico vivimos tiempos parecidos con el gobierno nacional y provincial trabajando en contra o que eran de otro signo político. Hoy La Matanza está pasando por una situación similar y rescatar los valores del peronismo nos parece indicado porque como dije antes: necesitamos de unidad y lealtad para salir adelante”.P1010002 (Copy)

 

EL DESTINO DEL PEQUEÑO HÉROE PERONISTA

En 1953, Miguel Ángel Fida, de 10 años, fue condecorado. Aquí su historia (nota de Pablo Calvo y publicada por el diario Clarín 01/07/2004 http://edant.clarin.com/suplementos/especiales/2004/07/01/l-786677.htm)

 

Cuando vio la foto, un chico de 10 años sonrió dentro suyo y un hombre de 60 comenzó a llorar. El alboroto de las dos biografías le hizo temblar las manos. Y el pico de la pava perdió la puntería en un mate que hacía rato había dejado de humear. «¡Qué lindo fue ese día!», balbuceó. Se estaba produciendo el milagro de un recuerdo, tal vez cuando enfilaba hacia las tinieblas del olvido.
Miguel Ángel Fida cursaba cuarto grado cuando el general Perón lo alzó frente a la multitud reunida en la Plaza de Mayo para los festejos del Día de la Lealtad. Ese 17 de octubre de 1953, en un instante más breve que un segundo, Miguelito se sintió suspendido como un ángel, ovacionado como un artista, condecorado como un mariscal. La Medalla Peronista lo esperaba en las manos del dictador nicaragüense Anastasio Somoza.
Antes de la recompensa, hubo una historia breve de valentía infantil. La muerte merodeó el capítulo inicial. Una nena de cinco años se había soltado de la pollera de su mamá en medio de las vías del ferrocarril San Martín, al cruzar el paso a nivel de la calle Campana. La locomotora la iba a atropellar, pero Miguelito la sacó del camino y la salvó. La madre de la nena no sabía cómo agradecerle. Le dio un abrazo y le llenó los cachetes de carmín. Ahí terminaba el acto de arrojo. El olvido se empezaba a frotar las manos. Cometió error: testigos y vecinas no se iban a perder semejante anécdota. El relato saltó de boca en boca. Los detalles variaban según el narrador, aunque la hazaña era siempre la misma.
En la primavera del ‘53, Miguelito fue llamado por el director de la escuela «Tomás Liberato Perón». El interrogatorio fue amable. ¿Qué hiciste aquella tarde? ¿Te pasó algo en el camino?. La confirmación sacudió al barrio. Un «héroe peronista» tomaba la leche en Villa Devoto.4263-MLA3505682077_122012-Y (Copy)
Manuelita López de Fida levantaba puntos de media cuando se enteró del notición. De tanto orgullo por su hijo, se desesperó:
—¿De dónde saco un trajecito? Ahh, ya sé, lo mando con el guardapolvo, al General le va a gustar.
Lo planchó apenas unas 150 veces. Ángel, el papá, lustró los zapatos. Y el peluquero le hizo un corte al ras, sin sospechar que tallaba para la posteridad.
El rugido de la Plaza de Mayo envolvió la aparición de Perón, a las 17 en punto. Se acercaba la coronación. Había medallas «a la Fe Peronista», «a la Producción», «al Deber Sindical», «a la Madre». El diploma de Miguelito decía: «Medalla Peronista a la Abnegación, como reconocimiento a sus virtudes para ejemplo y estímulo de los compañeros».
El chico avanzó por el palco hacia donde estaba el General. Se iniciaba la secuencia que, cincuenta años después, iba a despertar una nueva búsqueda. ¿Quién será ese chico que sostiene Perón?, se preguntó alguien en la redacción de Clarín. Y alguien salió a buscarlo, con el sólo rastro de una foto de atrás.
«Fuerte el aplauso para Migueeeeeell Angeeeell Fidaaaaa», avivó el locutor oficial. Y el chico del guardapolvo impecable se transportó hacia un mundo color sepia. Perón lo recibió con caricias. En su brazo izquierdo llevaba un brazalete de luto, por Evita. Miguelito apenas respiraba. Se dieron un beso y un abrazo. Dos potencias se saludan:
—Gracias, General.
—No, muchacho, gracias a vos, me hacés muy feliz. ¡Te felicito!. Seguí portándote así toda la vida.
Somoza, que sostenía el estuche con la recompensa, quiso elogiar la fuerza de su anfitrión:
—Y eso que el chico está rellenito. ¡Qué bien se come en la Argentina!
Cuando el nene aterrizó de las nubes, se activó otro reloj. En junio de 1955, la plaza de la foto fue bombardeada. En setiembre, Miguelito se quedó sin primavera: tuvo que escaparse por una ventana del aula de sexto grado. Ni le habían enseñado geometría y ya se topaba con los paredones obtusos de la historia argentina. Su anécdota sagrada, diría Alejandro Dolina, fue rociada con el Licor del Olvido.images (Copy)

La familia empezó a borrar toda huella. Un amigo radical ofreció ayuda. Y a su casa fue a parar el diploma, la medalla, los libros peronistas y el pase que decía: «El portador, señor alumno Miguel Ángel Fida, tiene libre acceso a la Casa de Gobierno al acto a realizarse en el día de la fecha».
Un decreto militar prohibió nombrar a Perón. Miguelito, a los 12 años, recibía la condena a vivir otra vida. Alguien lo reconoció en la escuela donde hacía la secundaria. Él lo desmintió. Tres veces negó a Perón.
Abandonó en tercer año y la promesa que había hecho en 1953, de llegar a ingeniero mecánico, se esfumó. Sólo fue mecánico. Nunca pudo usar la beca que le había prometido el peronismo para estudiar en Estados Unidos y especializarse en motores diésel. No volvió a hablar de la medalla escondida. Cuando Clarín salió a su búsqueda, él seguía prefiriendo el silencio. Alguien, sin embargo, guardaba un frasco del Vino del Recuerdo, ese que diluye los efectos del Licor del Olvido.
Si los procedimientos de la suerte necesitaran una descripción, aquí viene una. En el archivo de Clarín apareció una foto de frente de un chico con guardapolvo, tomada el 17 de octubre de 1953. Lo habían homenajeado por su coraje. Se llamaba Miguel Ángel Fida. Los primeros veinte Fidas de la guía no lo conocían. Sólo uno se llamaba igual. ¿Usted tiene 60 años?. Sí. ¿Usted recibió la medalla peronista?. Silencio. ¿Usted estuvo en brazos de Perón?. No, no, no. Tengo una foto que me gustaría mostrarle. ¿Una foto? ¿Podría venir mañana?. Cuando la vio, un chico de 10 años sonrió dentro suyo. Y un hombre de 60 comenzó a llorar.
La medalla está en un banco, «por la inseguridad». La mamá, de 84 años, sigue orgullosa: «logró que pisara el balcón de Eva». Y Miguel, «peronista de Perón», acepta que ya es tiempo de recordar. Por primera vez, mandó a enmarcar aquel instante sagrado